La importancia de los océanos en el mundo no puede ser subestimada y ni pensarse que debido a que su superficie abunda en la tierra tendremos los suficientes como para seguir maltratándolos. A sabiendas que suministran el 50% del oxígeno que respiramos, la alimentación y medios de vida de miles de millones de personas, estos se han transformado en los principales espacios y medio de hábitat, por la regulación atmosférica y térmica global; siendo, a su vez, las herramientas para mitigar los efectos del cambio climático. En resumen, los océanos son un aliado fundamental frente al desarrollo del cambio climático y hay que hacer todo lo posible para protegerlos.

Al presente, vastas regiones en diferentes partes del mundo han sufrido los efectos del clima, cuyo registro más fuerte probablemente se de con la corriente de El Niño, que aunque tenga su origen en el Pacífico, afecta a los océanos del mundo y se espera que afecte a 60 millones de personas durante el 2016, lo que agravará los regiones con exceso de lluvias y por contrapartida el exceso de sequías en otras zonas, incrementando la miseria causada durante el 2015.

Aún cuando algunos tenemos una idea macro de lo que esto representa y otros, como especialistas y técnicos, conocen al detalle el tema, y también hay muchas entidades a nivel internacional, que velan por estos intereses, seguimos degradando los océanos mediante la destrucción de los hábitats y la biodiversidad, esto último mediante la sobre pesca y la contaminación. Es preocupante que las últimas estadísticas revelan que para el 2025 por cada tres kilos de pescado habrá un kilo de residuos varios.

Además de la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero para combatir el cambio climático en general, es vital considerar la regeneración de los océanos del mundo. Al presente, existen los llamados 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, un programa de las Naciones Unidas, en el cual los líderes mundiales se comprometen a poner fin a la sobrepesca, eliminar la pesca ilegal, establecer zonas marinas protegidas, reducir los residuos plásticos y otras fuentes de contaminación marina, aumentando la capacidad de recuperación de los océanos.

Si bien la Naciones Unidas cuenta con este programa que establece una hoja de ruta para la recuperación de los océanos, la pregunta que gira en torno al tema, al igual que la firma mundial por el Pacto para el Cambio Climático de Paris 2015, es ¿hasta dónde y qué tan rápido se puede lograr?, ¿cómo se pueden traducir estos objetivos tan ambiciosos en acciones concretas y de colaboración efectiva?

En el caso de los océanos, la situación se intensifica debido al estado débil y fragmentado de la gobernabilidad de los océanos; es decir no existe un organismo internacional encargado de promover, monitorear y medir estos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En ese sentido, los gobiernos de Fiji y Suecia llamaron a una conferencia para tratar el tema de los océanos y mares en el 2017, su propuesta fue avalada por 95 países y adoptada por una unanimidad en la Asamblea General de la ONU. En tal conferencia, a realizarse en Suecia, en un año aproximadamente, se pretende dar cuenta de la situación, de los objetivos cumplidos para aquel entonces y, en paralelo, promover una mayor cooperación entre el sector público y privado.

Lograr aterrizar estos objetivos en acciones reales y resultados fructíferos sería un avance más que alentador, impulsando los esfuerzos para proteger los océanos. Todo el escenario parece prometedor y es un buen comienzo, probablemente un poco-bastante tarde y en un tiempo donde ya no hay punto de inflexión, aunque muchos de nosotros aspiramos que a partir de ahora y en el futuro los océanos vuelvan a tener el escenario estelar del cual son dueños y sigan siendo fuentes de vida para la humanidad.